Aquella tarde, después de cederle su cita con la estilista a Daria, Mila se quedó dormida y al despertar, no sintió descanso, sino una tristeza densa que se le instaló en el pecho sin explicación, una sensación incómoda que decidió ignorar, convenciéndose de que algo tan simple como un pan dulce bastaría para distraerla, pero, justo cuando estaba por entrar a la cocina, la voz de su tío la obligó a detenerse.—Sí… todo salió como se planeó —decía Roman, en voz baja, sin intentar ocultar la satisfacción—. No hubo ningún problema… ella llegó a la cita y fue interceptada. Siempre supe que sería útil para algo.Mila frunció ligeramente el ceño, sin entender del todo a qué se refería, aunque tampoco le dio demasiada importancia.—Con esto voy a poder liquidar gran parte de las deudas —continuó él, con una calma que resultaba inquietante—. El resto puede esperar… después de todo, pronto voy a convertirme en el suegro de Viktor Morózov y con eso todos mis problemas quedaran resueltos.El nom
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