La luz del amanecer entraba por las cortinas cuando Mila abrió los ojos. Durante unos segundos permaneció inmóvil, con el corazón todavía desordenado, tratando de recordar dónde estaba y con quién. Entonces lo vio.Viktor seguía dormido.No parecía el hombre que la había reclamado de una forma tan dominante y posesiva la noche anterior. Entre sabanas los tatuajes que recorrían su pecho y sus brazos se extendían como un mapa de guerra sobre su piel. Aquello no eran adornos, eran una declaración de lo que él era. El jefe.Mila se incorporó apenas, observándolo con más atención de la que debería. Había algo inquietante en verlo así, vulnerable, como si por un instante pudiera olvidar el peligro que representaba… y eso la desconcertaba más de lo que quería admitir.—Si sigues mirándome así, voy a cobrarte por el espectáculo —murmuró él, sin abrir los ojos.Ella se tensó de inmediato, sorprendida de que se hubiera dado cuenta.—No te estaba mirando —mintió, demasiado rápido.Viktor abrió l
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