El trayecto fue tan largo que el cuerpo de Mila dejó de pertenecerle mucho antes de que el vehículo se detuviera.
No sabía cuánto tiempo había pasado, pero el cansancio era un peso que se había instalado en sus huesos, en su mente, en cada pensamiento que intentaba sostener sin lograrlo.
—Resiste —se dijo a sí misma—. No te vayas a dormir.
Pero Mila ya no tenía fuerzas.
Se acomodó como pudo, con dificultad, sintiendo cómo el movimiento del vehículo la arrastraba ligeramente de un lado a otro.
A