El arma temblaba en la mano de Daria, mientras el cañón del arma seguía presionado contra la parte trasera de la cabeza de Mila.
—No te acerques —le advirtió Daria a Viktor, elevando la voz con una mezcla de furia y desesperación que apenas lograba sostener—, ni un solo paso más, solo quiero salir de aquí.
Pero Viktor no reaccionó como cualquiera lo haría en una situación así, no mostró alarma ni tensión ni siquiera una mínima señal de urgencia, sino que permaneció exactamente donde estaba, con