La galería secreta de Cardiff estaba lista para su inauguración oficial. Las paredes brillaban con las obras de Lucía, los invitados llegaban con copas de té de mango en la mano. Y tos amigos más tontos de la reina ya habían montado una “zona de caos creativo” con sombreros de papel. Arepas con nombres artísticos y una instalación titulada “El Reino del Sabor Desobediente”.
Lucía caminaba entre los asistentes con su vestido restaurado. Una flor en el cabello y la seguridad de quien ha aprendido