El tren hacia Cardiff serpenteaba entre colinas verdes y cielos que parecían pintados con acuarela. Lucía miraba por la ventana, con su vestido restaurado, una empanada envuelta en servilleta de tela, y una mezcla de emoción y nervios que ni el café británico lograba calmar.
—¿Estás segura de que esto no es una broma diplomática? —preguntó Javier, hojeando el itinerario.
—La invitación decía: “La Reina Creativa está cordialmente invitada a una recepción privada con el Príncipe de Gales”. Y tení