La luz de la mañana se filtraba por los ventanales del palacio de Cardiff, pintando la habitación de Lucía con tonos dorados y suaves. Ella estaba sentada en el borde de su cama. Con una bata de lino. Una taza de té de mango en la mano y la caja de terciopelo azul sobre la mesa.
La noche anterior había sido un torbellino: arte, risas, una propuesta inesperada. Y un corazón que no dejaba de preguntarse “¿y si…?”
Lucía se levantó. Caminó descalza hasta el balcón. El jardín real se extendía como u