Lucía despertó con el sol colándose entre las cortinas del estudio. Tenía pintura en una mejilla. Una empanada fría en la mesa de noche y una sonrisa que no se le quitaba desde anoche.
—¿Así que ahora también beso a exnovios en inauguraciones? —murmuró, estirándose como una gata satisfecha.
Justo cuando se disponía a revisar los mensajes de felicitación. Entró Sebastián con una taza de café y cara de “traigo chisme”.
—Buenos días, su majestad. ¿Dormiste bien o soñaste con coronas de hojaldre?
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