Capítulo 82

Gabriela llegó a casa de Lucía con una maleta en la mano y el corazón hecho trizas.

No tenía otro lugar a dónde ir.

Lucía abrió la puerta y no hizo falta que dijera nada. Bastó ver su rostro pálido, los ojos enrojecidos, el cuerpo tenso como si en cualquier momento fuera a desmoronarse.

—Pasa —dijo Lucía con suavidad—. Estás a salvo aquí.

Gabriela cruzó el umbral y, apenas la puerta se cerró, las fuerzas la abandonaron. Se dejó caer en el sofá y rompió a llorar con un llanto contenido, de esos
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