Capítulo 82

Gabriela llegó a casa de Lucía con una maleta en la mano y el corazón hecho trizas.

No tenía otro lugar a dónde ir.

Lucía abrió la puerta y no hizo falta que dijera nada. Bastó ver su rostro pálido, los ojos enrojecidos, el cuerpo tenso como si en cualquier momento fuera a desmoronarse.

—Pasa —dijo Lucía con suavidad—. Estás a salvo aquí.

Gabriela cruzó el umbral y, apenas la puerta se cerró, las fuerzas la abandonaron. Se dejó caer en el sofá y rompió a llorar con un llanto contenido, de esos que no hacen ruido pero desgarran por dentro.

—Me echó… —murmuró—. Damián me echó de su casa.

Lucía se sentó a su lado y la rodeó con los brazos.

—Cuéntame todo. Despacio.

Gabriela respiró hondo varias veces antes de poder hablar. Le contó lo de Adrián, el desmayo, el despertar confuso, la blusa, la acusación, la maleta, la sonrisa de doña Elvira al final de las escaleras.

—Yo no recuerdo haber hecho nada —dijo, con la voz rota—. Me desmayé, Lucía. Solo recuerdo eso… y luego despertar en esa cam
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