El día amaneció radiante, demasiado hermoso para un evento tan falso.
El cielo despejado, los arreglos florales, las cámaras, la alfombra blanca extendida hasta la puerta de la catedral. Todo parecía sacado de una revista de lujo.
Adrián Torres se casaba con Victoria Hernández, y el mundo entero parecía celebrarlo… menos él.
Frente al espejo del vestidor, Adrián ajustaba su corbata con una sonrisa mecánica.
El reflejo le devolvía la imagen de un hombre impecable, elegante, exitoso.
Pero detrás de ese traje costoso solo había vacío.
En su mente, el rostro que lo perseguía no era el de la mujer que lo esperaba en el altar…
Era el de Gabriela Rivas.
Apretó el borde del tocador, recordando su última visita a su casa.
Aún podía escuchar su voz fría diciéndole que no volvería jamás con él.
Esa frase lo consumía más que cualquier fracaso.
Porque no soportaba haber perdido el control sobre ella.
No entendía qué le pasaba, cuando estaba casado con ella, estaba harto de Gabriela, pero