El sonido de las máquinas y los picos resonaba en el interior de la mina. Gabriela caminaba entre los obreros, observando con atención cada movimiento, cada golpe contra la roca húmeda. El aire olía a tierra fresca y metal. A su lado, Lucía tomaba notas en una libreta, atenta a las indicaciones que su jefa le daba.
—Recuerden —dijo Gabriela con firmeza, señalando el suelo—, esta capa de tierra se puede excavar sin problema. Pero si ven una textura más suelta o con vetas grises, deténganse. Pued