Desperté con un leve dolor en la cabeza y una sensación de calor que me rodeaba como una manta invisible. Tardé unos segundos en reconocer el techo blanco de mi habitación. Parpadeé varias veces hasta que la imagen frente a mí cobró forma.
Lucian estaba sentado a mi lado, dormido, con su cabeza recargada en el borde del colchón y su mano sujetando la mía.
Me quedé inmóvil, observándolo. La luz de la mañana se filtraba por la ventana, delineando su rostro tranquilo. Su respiración era lenta, ser