Despertar fue como salir a flote después de hundirme durante horas.
Mis párpados pesaban, mis manos se sentían frías y había un pitido constante acompañando cada latido de mi corazón. Tardé unos segundos en reconocer el lugar: paredes blancas, luz artificial, el olor a desinfectante.
Un hospital.
Intenté moverme, pero algo me lo impidió. Una mano cálida sostenía la mía. Cuando giré la cabeza, lo vi. Lucian estaba allí, con la mirada fija en mí. Su rostro estaba agotado, sus ojos hinchados, como