Lucian se quedó en silencio unos segundos después de que Aldrec apareció en la habitación. Su mirada, tensa, oscilaba entre la mía y la de mi primo. El aire en la habitación se volvió denso, cargado de algo que no podía describir: una mezcla de alivio, rencor y un cansancio algo bestial. La plática había sido intensa.
Finalmente, Lucian se pasó una mano por el cabello y suspiró.
—Necesitan hablar —dijo con voz suave, mirándome con ternura—. Te esperaré afuera.
—Lucian… —quise detenerlo, pero él