Fabiano estaba apoyado en la pared del pasillo, justo al lado de la puerta del despacho.
Tenía los brazos cruzados… y una sonrisa enorme en la cara, desde dentro se escuchaban voces bajas.
Y un silencio demasiado sospechoso entre ellas, Fabiano levantó una ceja y sonrió como si hubiera logrado el objetivo.
—Esooo, campeón… —murmuró para sí mismo.— Hazme más sobrinitos.
En ese momento, unos pasos se escucharon en el pasillo, Gustavo venía caminando con unas carpetas en la mano, se acercó a la pu