La escena en la oficina aún vibraba con la energía de un nuevo comienzo cuando el ambiente volvió poco a poco a su ritmo profesional. Rossy se acomodó la carpeta contra el pecho, respiró hondo y recuperó esa compostura impecable que la definía cuando trabajaba, como si lo ocurrido en la escalera hubiese sido solo un paréntesis en su jornada.
—Bueno… yo los dejo —dijo con rapidez, mirando a Gustavo—. Debo revisar unas reuniones y algunos correos para que la Sra. Katrina firme unos documentos.
—S