El avión atravesaba las nubes mientras la ciudad desaparecía bajo un manto de luces distantes. Katrina no podía dejar de temblar. Sentía el cuerpo pesado, la mente saturada, el corazón latiendo como si aún estuviera dentro del auto, huyendo.Llevaba ambas manos sobre su vientre, instintivamente protegiendo a sus bebés, siempre protegiéndolos.El señor Jones estaba sentado a su lado. Su presencia era firme, estable, casi paternal. Desde que habían despegado no había soltado su mano.—Tranquila, mi niña —murmuró con voz suave—. Todo estará bien.Katrina cerró los ojos un segundo, tratando de creer que todo mejoraría pero su corazón le gritaba que no sería así, que algo malo había pasado.Mientras el avión seguía su curso hacia París, a miles de kilómetros, las puertas de emergencias del hospital se abrían con violencia.—¡Paciente masculino, trauma severo por impacto vehicular! —gritó un paramédico.La camilla entró a toda velocidad, Marcus estaba inconsciente, sangre en la mayor parte d
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