El corazón de Katrina se sentía en la garganta, caminaba rápido hacia la consulta de su doctor de cabecera, golpeó y su voz le indicó que entrara. — Mi niña, que gusto verte, como salieron los exámenes. — Aquí los traigo. Katrina le entregó el sobre y el doctor sonrió con dulzura, esa sonrisa que se le da a una mujer que la quieres como una hija. — Felicidades hija, estás embarazada. El aire pareció abandonarla por un segundo. Desde que renunció se había puesto la meta de ser madre, haría una inseminación asistida, ya no quería seguir esperando por el hombre perfecto, se había enamorado de su jefe, pero él estaba profundamente enamorado de su primer amor, a pesar de que lo dejó plantado en el altar. Cuando Ángela volvió, la vio como una amenaza y exigió que Marcus la despidiera. Él no sabía que hacer, siempre había gritado a los cuatro vientos que se cortaría una mano antes que dejarla ir. Pero Katrina no quiso ser el motivo de una nueva fractura en su vida. Como última muestra
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