Eras tú.
Llegó la hora indicada.
Gissela revisaba el proyecto con el ceño fruncido, pasando páginas con rapidez mientras hacía anotaciones al margen, su concentración tan intensa como su carácter. A su lado, Melany terminaba de arreglar los últimos detalles en la sala de juntas, acomodando carpetas, alineando documentos y verificando que todo estuviera impecable.
El ambiente, por unos segundos… parecía profesional.
Hasta que Gustavo recibió un mensaje.
Su expresión cambió de inmediato.
—Qué bueno…
—¿Qué