Victoria llegó a la empresa junto a Gissela, pero no era la misma Gissela desordenada de hacía unas horas. Ahora lucía impecable: un pantalón de tela que marcaba sus caderas con elegancia, una polera ajustada que delineaba cada curva sin caer en lo vulgar, y un abrigo a tono que le daba un aire sofisticado… aunque su sonrisa seguía siendo igual de peligrosa. Su cabello negro, completamente liso, caía como una cascada sobre sus hombros, moviéndose con cada paso, y era imposible no notar cómo los