Al llegar a la mansión, el auto se detuvo con suavidad frente a la entrada principal. El chofer bajó primero y abrió la puerta con respeto, y Gissela descendió con ese aire suyo… seguro, dominante, como si el mundo fuera un escenario y ella supiera exactamente cómo caminar sobre él. Llevaba el bolso al hombro, la mirada alta y una media sonrisa que ya prometía problemas.
—Señorita, esta es la casa del Sr. Jones —explicó el chofer señalando la imponente mansión—. Y esa de allá es la de los señor