Siempre fuiste tú.

Pasó la mañana.

Katrina había bañado a los niños y ahora jugaban en el jardín con la niñera. Sus risas llegaban hasta la casa, mezcladas con las bromas constantes de Fabiano, que seguía molestando como si no tuviera nada mejor que hacer.

Katrina lo miró desde la ventana un momento.

Sabía que Marcus la estaba esperando en el despacho.

Así que tomó aire y se armó de valor.

—Tranquila… —se dijo a sí misma en voz baja—. Solo es trabajar con él… como lo hiciste por más de cinco años.

Cerró los ojos
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