Llegó la hora de almorzar y poco a poco todos comenzaron a salir de la oficina, el ambiente se relajó, las conversaciones se trasladaban hacia el pasillo, risas, pasos, puertas abriéndose… pero uno de ellos no se movió.
—Vayan sin mí —dijo Gustavo sin levantar la vista de los documentos.
Gissela, que ya iba saliendo, se giró con una sonrisa maliciosa.
—Uyyyy… seguro invita a Rossy a almorzar, por eso nos quiere lejos.
Gustavo alzó la mirada, serio.
—Cállate, Gissela. Ve a almorzar. A las tres t