Fabiano descendió los escalones del altar con el rostro endurecido por la rabia. Cada paso que daba parecía cargar el peso de toda la furia que contenía mientras, sin apartar la mirada de Joshua, le arrebataba los documentos de las manos y comenzaba a leerlos con rapidez. A su alrededor, el jardín permanecía sumido en un silencio absoluto; nadie se atrevía a pronunciar una sola palabra y Victoria seguía inmóvil, completamente pálida, aferrándose con fuerza a su ramo mientras sentía que las pier