La ceremonia había terminado entre aplausos, abrazos y lágrimas de felicidad. Poco a poco, los invitados comenzaron a trasladarse hacia el gran salón, que había sido decorado con cientos de flores blancas, luces cálidas y enormes candelabros de cristal que iluminaban el lugar con una elegancia difícil de describir. En el centro de la pista todo estaba preparado para el primer baile de los recién casados, mientras la orquesta afinaba los últimos detalles y los meseros terminaban de servir las co