En el baño, Fran desvistió lentamente a Melanie. Sus ojos estaban oscuros y su boca la besaba con desesperación.
—Mi conejito, no sabes cuánto te necesito. Debes ser mía esta noche. No tengas miedo, esto te gustará.
Melanie solo dejó salir un gemido mientras el agua caía entre los dos. Fran la sujetó contra la pared, arrodillándose y levantando su pierna hasta su hombro para devorarla con el mismo hambre de la primera vez.
Melanie se dejó llevar, entregándose completamente a esta nueva sensació