Marcus caminaba serio hacia la casa que había comprado para Katrina, quien sonreía acurrucada a su cuello.
—Marcus, vamos, no te enojes, no hice nada malo.
—¿Nada?
Gruñó entrando a la habitación que había sido remodelada hace poco.
—No, no hice nada.
Marcus la sentó en la cama, desabrochándose la camisa. Katrina sonreía al verlo tan celoso.
—Creo que iré a ver a los niños.
—Están con el Sr. Jones, la nana y Gustavo. No irás a ningún lado, Trina.
Katrina reía nerviosa. Marcus se sacó la camisa y