Al día siguiente, todas las chicas estaban en la cocina, preparando almuerzo junto a la ama de llaves. Se miraban de manera furtiva y traviesa, con risitas que dejaban claro a qué se debía.
La última en llegar fue Victoria, quien las miró y rió, tapándose la boca.
—Bien, la pregunta del día —dijo Gracia—, ¿cuándo volvemos a ese bar? Porque el castigo estuvo demasiado bueno, sus caras lo dicen todo.
Todas rieron.
Victoria usaba un chaleco con cuello alto y Gracia levantó una ceja.
—¿Por qué tan