El lunes había llegado con ese ritmo implacable de la rutina que no perdona ni después de una boda épica, y aun así, en la empresa el ambiente tenía algo distinto, una energía nueva, como si todo se estuviera reacomodando para una etapa completamente diferente. Fabiano y Gustavo caminaban por los pasillos con paso tranquilo pero firme, observando el movimiento, empleados yendo y viniendo, saludando con respeto, conscientes de quiénes eran esos dos hombres.
—Papá dijo que necesitabas un lugar pa