La mañana pasó entre risas y emoción, los niños no dejaban de hablar de la experiencia de montar a caballo, sus voces llenaban el jardín mientras Trina caminaba de la mano de Marcus, apoyándose levemente en él, disfrutando del momento, Gerald llevaba a los dos mellizos en sus brazos como si no pesaran nada, escuchándolos con una sonrisa que rara vez dejaba ver.
—Tío vecino, eso estuvo genial —dijo Marcel con entusiasmo.
—Aunque papi te ganó —añadió Micca con orgullo.
—¡Ja! Lo dejé ganar a ese r