Marco llegó a medio día al orfanato, seguido de Gerald, María Gracia, Fabiano y Victoria. De la mano traía a los mellizos, que miraban el lugar con una enorme sonrisa y una curiosidad imposible de ocultar.
—¿De verdad hay muchos niños aquí?
—Muchísimos —respondió Marco mientras abría la puerta principal.
—¿Más que en el colegio?
—No tanto pero son más divertidos.
Los ojos de Marcel brillaron.
—¡Genial!
Micca también sonreía mientras caminaba pegada a su hermano.
—¿Y juegan todo el día?
—No todo