Traigan a Aranza

En cuestión de minutos, Marco había llegado a la clínica.

Entró con la carpeta bajo el brazo y se detuvo apenas cruzó la puerta.

Frente a Ismael había una mujer alta, elegante y de figura esbelta. A su lado, un hombre rubio la rodeaba por la cintura mientras la observaba con una devoción imposible de ocultar.

Marco conocía perfectamente esa mirada.

Era la misma que Miguel ponía cuando veía a Miriam.

La misma que Gerald ponía cuando miraba a Gracia.

La misma que él mismo comenzaba a poner cuando
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