El avión aterrizó sin problemas en América, la pista se extendía frente a él mientras el motor se apagaba lentamente, Gerald bajó con paso firme y en el aeropuerto ya lo esperaba un auto, sin perder tiempo lo ayudaron con las maletas y se acomodó en el asiento trasero.
—A la clínica, por favor.
El trayecto fue rápido, pero para él cada segundo se sentía largo, su mirada fija en la ventana, su mente dividida entre Amelia, su manzanita, y Gracia, la mujer que había dejado en Paris.
Poco después, l