Fabiano caminaba con un pantalón deportivo y una polera ajustada, una botella de agua y una toalla en la mano, su paso era relajado pero firme, al acercarse al gimnasio el sonido de golpes secos comenzó a escucharse con claridad, uno tras otro, constantes, cargados de fuerza, frunció el ceño de inmediato y aceleró un poco el paso, algo en ese ritmo no era normal, no era entrenamiento… era desahogo.
Empujó la puerta y entró.
Ahí estaba María Gracia, frente al saco de boxeo, pateándolo con todas