No pasó ni una hora cuando Marco llegaba a la clínica en su auto. Aranza miraba todo por la ventana con una enorme sonrisa, fascinada por el movimiento de la ciudad.
—¿Dónde vamos, tío Marco?
—Iremos a ver al tío Ismael.
—¡¡¡Siiiiiiiii!!!
Marco sonrió al escuchar su emoción.
Desde que Ismael había aparecido en sus vidas, la pequeña se había encariñado muchísimo con él. Quizás porque siempre la trataba como una princesa o porque jamás permitía que se sintiera diferente a los demás niños.
Cuando