100. La falsedad arruina
Juan Pablo no hace ningún movimiento cuando entra a la oficina. El único impresionado es Silvestre detrás de él, con los labios y ojos abiertos. Esmeralda no puede palidecer más porque el pálido ahora es Ismael, cubierto de impresión. Esmeralda se pone de pie arreglando su atuendo.
—J-juan Pablo —balbucea. ¡Esto tiene que ser una broma!—. ¿Qué haces aquí?
—Asegurándome que mis sospechas no eran falsas...—Juan Pablo se arregla su corbata. Ni siquiera parece resentido o malhumorado, simplemente