—Amelia, ¡lo que dices es muy grave! ¿Tienes alguna prueba? —preguntó Terrance, su rostro reflejando incredulidad, como si no pudiera comprender lo que escuchaba.
Amelia sonrió, pero era una sonrisa fría, cargada de dolor y desesperación.
Asintió con firmeza.
—¡Tengo pruebas! —dijo con voz entrecortada—. Créeme, conseguí una prueba y puedo traerla. Conozco al verdadero padre de Deborah.
Terrance se quedó mudo, sus ojos se agrandaron al máximo.
El peso de sus palabras se instaló en la sala como u