Al día siguiente.
Paz despertó en la misma cama, la luz del sol atravesaba las cortinas y caía sobre su rostro.
Se sintió agotada, como si todo el peso del mundo estuviera sobre sus hombros.
Sin embargo, cuando se levantó, vio a Terrance. Él aún estaba en la cama, mirando al techo con los ojos entreabiertos.
Cuando la vio levantarse, una sonrisa apareció en su rostro, una sonrisa que, por un momento, le hizo dudar.
—Te amo —dijo Terrance, su voz suave, pero llena de una esperanza que Paz apenas