Bianca sintió un dolor extraño en el pecho, un nudo que la asfixiaba desde adentro, como si todo a su alrededor estuviera desmoronándose.
Cerró los ojos por un segundo, intentando calmarse, pero los pensamientos la asaltaban con furia.
«¡Es mentira, ni Paz, ni Randall serían capaces de lastimarme así!», pensó, intentando convencerse a sí misma.
Pero algo en su interior le decía que las palabras de Deborah, por más venenosas que fueran, tenían algo de verdad.
Tomó aire profundamente y se dirigió