Randall conducía en silencio, pero su mente era un torbellino.
Sentía la tensión en el aire, el peso del rechazo de Bianca como un muro impenetrable.
Apretó el volante con fuerza, robándole miradas furtivas, deseando verla sonreír como antes.
Pero ella estaba distante, con la mirada fija en la ventanilla, como si estuviera atrapada en un mundo donde él ya no tenía cabida.
Su corazón latía con miedo.
«No quiero perderte. No quiero perder lo que pudo ser, Bianca», pensó, sintiendo un vacío helado