Terrance la sostuvo con firmeza mientras la llevaba hasta el auto, sus brazos rodeándola como si quisiera protegerla del mundo entero.
La sintió temblar, todavía en shock por el ataque en el estacionamiento.
Apenas cerraron la puerta del vehículo, él ordenó al chofer que los llevara a casa de inmediato.
Pero Paz, con la respiración agitada y la mente aún revuelta, se aferró a su brazo con desesperación.
—¡No puedo irme! —su voz quebrada reflejaba su angustia—. ¡Tengo que buscar a Randall!
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