Martín tomó un trago largo de whisky, el calor del licor cayendo por su garganta mientras una sonrisa cruel se dibujaba en su rostro.
Estaba disfrutando de su noche, saboreando la sensación de que las piezas se estaban colocando en su lugar.
De repente, el teléfono sonó. Contestó sin pensarlo dos veces, sin saber que esa llamada cambiaría todo.
—¡Martín, secuestraron a la esposa del CEO Eastwood! —la voz del guardia de Paz era urgente, pero Martín apenas sintió una pizca de sorpresa.
Una sonrisa