—¡El resultado es negativo!
Las palabras resonaron como un disparo en la habitación.
Los ojos de Deborah casi salieron de sus órbitas mientras tomaba los documentos con manos temblorosas.
—¡No puede ser! —su voz tembló, pero rápidamente se convirtió en un grito—. ¡Esto es imposible! ¡Ese niño es tu hijo, Randall! ¡Es una trampa! ¡Seguro han falsificado los resultados!
Su desesperación era palpable. Sus labios temblaban, sus mejillas estaban encendidas de furia, y su mirada suplicaba alguna griet