Cuando Vivian regresó a Vila Real, el miedo la consumía.
Cada sombra, cada ruido, cada rostro desconocido en la calle parecía una amenaza. Su paranoia crecía con cada paso, con cada golpe de su propio corazón desbocado.
Alquiló un pequeño departamento en un edificio modesto, apenas un refugio en el que esconderse.
Dos habitaciones: una diminuta sala con comedor, y el otro espacio que servía de dormitorio. No necesitaba más. Solo un techo, solo tiempo… solo una oportunidad de seguir adelante sin