En el hospital, la angustia de Aldo no hacía más que crecer.
Mila fue llevada rápidamente a urgencias, y los médicos comenzaron a atenderla con rapidez.
Él no podía dejar de pensar en lo que acababa de ocurrir, en cómo había estado al borde de perder a la mujer que amaba.
El miedo se le apoderaba, la idea de perderla lo destruía por dentro.
Finalmente, la doctora salió del área de urgencias.
—Ella está bien, solo fue el susto. El bebé está bien, no se angustien. —Las palabras de la doctora le tr