Mila y Aldo estaban en la sala de ultrasonido, tomados de la mano, con el corazón latiendo a toda velocidad.
El embarazo había llegado a casi siete meses, y aunque para muchos el tiempo parecía volar, para Mila era como si cada día se arrastrara con una lentitud desesperante.
Esperaba con ansias la llegada de su pequeño, contando las semanas, los días, las horas.
La doctora pasó el gel frío sobre su abdomen y comenzó a mover el transductor con suavidad.
La pantalla cobró vida con la imagen de su