—Randall, no puedo… ¡No puedo escapar toda la vida! —La voz de Paz temblaba, pero su decisión estaba tomada—. Además, no puedo hacerlo contigo…
—¡Paz, por favor! —la suplicante voz de Randall se rompió en la línea—. Yo te haré feliz, lo juro.
Ella cerró los ojos, sintiendo un nudo en la garganta.
Durante años, su vida había sido un torbellino de sacrificios y humillaciones. Ahora, estaba al borde de una decisión que no podía tomar a la ligera.
—Lo siento.
Y colgó.
El peso de esas dos palabras ca