—¡¿Qué dices?! ¡Paz escapó con mis hijas! —Terrance sintió que la sangre se le helaba. Su mandíbula se tensó, su respiración se volvió errática—. ¡Encuéntrenla! ¡No me importa cómo lo hagan, pero la quiero de regreso a mi lado!
El teléfono casi se resbaló de su mano, y su corazón latía tan fuerte que podía escucharlo retumbando en sus oídos.
«Paz, ¿por qué me haces esto? ¿Cómo puedes arrancarme a mis hijas de esta manera?», pensó con desesperación.
Sin pensarlo dos veces, corrió hacia el auto.