Al día siguiente.
Terrance abrió los ojos con pesadez, sintiendo el cuerpo entumecido por la noche anterior. Su mirada recorrió la habitación hasta detenerse en Paz, quien, recién bañada, se vestía de espaldas a él. Su piel aún húmeda brillaba con la luz tenue que se filtraba por la ventana, y su cabello oscuro caía en una maraña húmeda sobre sus hombros.
Miró el reloj. Era demasiado temprano.
—Ven aquí, mi amor… —su voz sonó suave, casi suplicante—. Vuelve a la cama, aún es temprano.
Paz se que