Al día siguiente
Mia abrió los ojos lentamente, aún envuelta en una sensación de pesadez. Escuchó el agua de la regadera, correr en el baño y suspiró. Su cuerpo estaba más cansado últimamente, su vientre crecía más cada día, y con ello, el peso del embarazo la sumía en un sueño profundo del que le costaba despertar.
Eugenio salió del baño poco después, con el cabello aún húmedo y el aroma a jabón llenando la habitación. Se detuvo al verla recostada, una sonrisa suave dibujándose en su rostro.
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