En la madrugada
Vivian abrió los ojos en medio de la penumbra.
La habitación estaba en completo silencio, apenas interrumpido por el sonido tenue del viento contra la ventana. Se incorporó con lentitud y llevó una mano a su vientre, sintiendo la curva de su embarazo bajo la tela suave de su camisón. Su bebé no se movía.
Cerró los ojos por un momento y exhaló con suavidad.
"Debe estar dormida", se dijo, pero la inquietud la envolvió de todas formas.
El otro lado de la cama estaba vacío y frío. Ga