Paz caminaba con pasos furiosos, su rostro contorsionado por la humillación.
El aire fresco de la noche parecía golpear su piel, pero no podía sentirlo.
La rabia le ardía en el pecho, un fuego que no dejaba espacio para nada más.
La feria, una celebración de poder y sofisticación, se sentía ajena ahora. No era un lugar al que perteneciera. No era un lugar al que la dejaran pertenecer.
—¡El señor Eastwood ordenó que ella debe ser expulsada! —gritó el guardia, como si sus palabras fueran un decret